Táctica y estrategia de una reponedora, un cuento de Augusto Serrano

En mi contrato laboral se produce la paradoja de que la cláusula que describe mi categoría profesional, “auxiliar de servicios generales de nivel siete”, es más larga que la que establece mis funciones, “reposición de género, inventarios”. En cualquier caso, más allá de esta curiosidad, la que describe más fielmente la realidad es la segunda, puesto que mi tarea principal es la de mantener bien surtidas de productos las estanterías del supermercado en el que trabajo.

Algunas personas podrían pensar que se trata de una faena aburrida y, no les faltaría razón, aunque personalmente (y a fin de cuentas soy la interesada), prefiero quedarme con los aspectos positivos que tiene. Yo soy así, no me gusta amargarme la vida, y menos con las cosas que no dependen de mí. Como no hay mejor explicación que un ejemplo, ahí va uno: que te toque el turno del sábado por la tarde, que es el de mayor afluencia de clientes, no es la mejor noticia que puedes recibir del encargado al empezar la semana, pero en lo que a mí respecta, en vez de agobiarme, me consuelo pensando que al haber más gente, tendré más oportunidades para practicar una de las pocas aficiones que una auxiliar de servicios generales de nivel siete puede permitirse cultivar: la observación.

No es que me fije en cualquiera, dicho sea con todo el respeto (aunque, por otra parte, dejo caer aquí que a mí nunca me ve nadie), sino que únicamente me llaman la atención los perfiles que de alguna manera encierran un relato. Dicho así suena como si tuviera un interés literario en el asunto pero nada más lejos de la realidad, básicamente es una táctica para que la jornada se me haga más ligera, aunque ahora que lo pienso, creo que también podría ser una estrategia en relación a mi marido.

Para explicar mejor mi hobby, recurriré de nuevo a los ejemplos. Uno de los colectivos que me gusta mirar cuando ando reponiendo artículos por la sección de higiene personal, es el de los hombres solitarios preocupados por su situación capilar. Es algo triste y tierno a la vez, verlos plantados frente al estante de los champús anti-caída, contemplando en silencio la amplia oferta de envases de todo tipo que el mercado pone a su disposición. Casi que se puede oir el runrún de sus engranajes mentales trabajando a todo trapo en la combinación de variables.

Es un territorio donde no se venden productos, sino esperanzas, y el hombre que pasea su mirada incierta por el muestrario multicolor lo sabe. En esos momentos están ocurriendo cosas en su interior, brotan las especulaciones, pero en cuanto otro cliente de similares características aparece por la zona, se siente turbado y, como si de una reacción química en una probeta se tratara, se precipita su decisión y acaba echando en su carrito un champú cualquiera, el bote azul mismo, entregándose ciegamente a la promesa que contiene.

En fin, el caso es que fijándome en este tipo de detalles consigo que el trabajo se me haga más ameno. Además, mi inocente entretenimiento tiene un beneficio añadido puesto que a mi marido le gusta que por la noche le cuente mis observaciones. Le parecen muy ocurrentes, como pequeños cuentos y, de vez en cuando, hasta sonríe. Sea como sea, yo me extiendo todo lo que puedo consciente de que al menos durante ese rato consigo que deje de pensar en el ERE. Le cuesta dormir y a veces me quedo con él en el sofá, mirando la tele. La oferta televisiva nocturna es aburridísima pero cualquier cosa es preferible a sus ataques de angustia ante la posibilidad de ser despedido.

Así vamos pasando, tratando de mantener el equillibrio, por decirlo de alguna forma. Yo procuro no desanimarme, a fin de cuentas, tengo un trabajo e, incluso, de alguna manera, siento que no ha sido del todo inútil estudiar la carrera de psicología. Como decía al principio, yo soy así, y prefiero mirar siempre el lado bueno de las cosas.

(Relato ganador del XXIII Certamen literario Sant Jordi, Mollet del Vallés)

Acerca de Augusto

Amante de la música, el cine y las letras.
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4 respuestas a Táctica y estrategia de una reponedora, un cuento de Augusto Serrano

  1. Mari dijo:

    Felicidades, me encanta!!!

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  2. Este relato se merece el premio. Escrito en un tono confidencial, el lector se siente de inmediato atrapado. Enhorabuena.

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