Noches serranas. Divertimentos quijotescos II

Quijote y Sancho. Fernando Rey y Alfredo Landa. Serie RTVE.

Quijote y Sancho. Fernando Rey y Alfredo Landa. Serie RTVE.

Continuando con la serie de entregas quijotescas particularmente divertidas, en esta ocasión he querido fijarme en una de las circunstancias de la vida caballeresca que más desagradaba a Sancho y que, dicho sea de paso, ni remotamente se había planteado el día que aceptó el cargo de asistente de don Quijote: las innumerables noches que tendría que pernoctar al raso de la sierra.

Al escudero, como a cualquier persona en su sano juicio, no le hacía ni pizca de gracia ponerse tan a mano de alimañas y salteadores. Pero además, a estos riesgos tan reales como propios de los perdidos parajes por los que vagaban, había que añadir los que su miedosa mente concebía al recordar las historias de encantamientos y hechizos que su señor don Quijote le contaba a todas horas.

En una de esas noches, Sancho se arrima temeroso a su señor al oír unos ruidos tenebrosos. Entre el miedo, los nervios y el poco y mal comer, el escudero empieza a sufrir retortijones en el estómago. La necesidad de desahogarse no ahuyenta el pánico que siente a separarse de don Quijote, así que, cuando ya no puede aguantar más, decide bajarse los pantalones discretamente, confiando que la maniobra de evacuación que se dispone a emprender pase desapercibida.

Sigue diciendo Cervantes:

“Mas como don Quijote tenía el sentido del olfato tan vivo como el de los oídos y Sancho estaba tan junto y cosido con él, que casi por línea recta subían los vapores hacia arriba, no se pudo escusar de que algunos no llegasen a sus narices; y apenas hubieron llegado, cuando él fue al socorro, apretándolas entre los dos dedos, y con tono algo gangoso dijo:

– Paréceme, Sancho, que tienes mucho miedo.

– Sí tengo – respondió Sancho -, mas ¿en qué lo echa de ver vuestra merced ahora más que nunca?

– En que ahora más que nunca hueles, y no a ámbar – respondió don Quijote.

– Bien podrá ser – dijo Sancho -, mas yo no tengo la culpa, sino vuestra merced, que me trae a deshoras y por estos no acostumbrados pasos.” Cap.X, 1ªparte.

 

Acerca de Augusto

Amante de la música, el cine y las letras.
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