De informáticos y poetas. Un relato del Dr.Meredith sobre la luz de Louveciennes, el apocalipsis nuclear y Ada, la científica-poetisa (y IV)

Resumen de las entradas anteriores: 1979, el ingeniero Jean Ichbiah trabaja en la sede central de la empresa Bull, en la hermosa localidad francesa de Louveciennes. Cierta tarde sale a pasear por los alrededores hasta que decide sentarse a descansar junto a un árbol. Ichbiah está preocupado porque el programa que acaba de diseñar, al que, por cierto, todavía no le ha puesto nombre, ha sido comprado por el ejército de EEUU. Tras quedarse dormido, el ingeniero sueña con sus años de estudiante en París y, concretamente, con una de las clases de su antiguo profesor de computación, el doctor Meredith. En ella, el profesor divaga libremente sobre Charles Babbage y Ada Kent, los fundadores de la informática moderna, y, sobre la aparición de lo poético en el ámbito de lo científico.

"Alrededores de Louveciennes", Alfred Sisley, 1873

“Alrededores de Louveciennes”, Alfred Sisley, 1873

Jean Ichbiah se despertó de golpe y, durante unos mágicos segundos, tuvo la impresión de estar dentro de uno de los paisajes de Alfred Sisley. A lo lejos se alzaba una vieja casona de techo oscuro y tras ella se veían las sombras de las copas de una lejana arboleda. El sol ya se había ocultado tras la línea del horizonte, aunque sus últimos rayos aún eran visibles en forma de pálidas islas de luz rodeadas por la inmensidad de un océano de nubes.

Cuando se repuso de aquel súbito golpe de belleza y se resituó en el contexto de las circunstancias de su vida, se dio cuenta de que ya sabía cuál sería el nombre que le pondría a su programa. Si el fin del mundo debía estar en manos de un grupo de algoritmos, que fuera Ada quien los vigilara. Quién mejor que una científica-poetisa, se dijo mientras se desempolvaba el traje. A fin de cuentas, pensó, la ciencia, incluso cuando sus resultados puedan ser devastadores, no es más que otra forma de hacer poesía, y, entonces, al hilo de esta reflexión, se quedó quieto y, por un instante le pareció que a su alrededor se creaba un vacío expectante.

Ya no era la pictórica hermosura de Louveciennes lo que veía, solo su luz. Un momento de inspiración en el que Jean Ichbiah se dio cuenta de que acababa de tomar una decisión. Renovado, empezó a caminar de regreso al pueblo saboreando la paz que le producía saber que en cuanto llegara a la Bull presentaría su renuncia.

Vista de lejos, su figura era apenas una pincelada oscura sobre el camino.

Burgess MeredithEn otro tiempo y lugar, el doctor Meredith se había quedado en silencio tras decir: “Lord Byron, el gigante literario del romanticismo inglés”. Durante unos segundos observó las caras relajadas de sus alumnos y enseguida se dio cuenta de que lo mejor que podía hacer en ese preciso instante era dar la clase por terminada, así que se colocó la chistera y se encendió un cigarrillo. Luego sonrió exageradamente y se llevó la mano al sombrero haciendo un leve gesto de despedida y, a continuación, salió del aula a la carrera cumpliendo con el postulado petagógico de no atender dudas al acabar las clases.

Nada más respetuoso para los interpelantes que darles tiempo a que maduren bien sus preguntas.

Acerca de Augusto

Amante de la música, el cine y las letras.
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2 respuestas a De informáticos y poetas. Un relato del Dr.Meredith sobre la luz de Louveciennes, el apocalipsis nuclear y Ada, la científica-poetisa (y IV)

  1. He disfrutado leyendo este relato. Y me he quedado, al igual que los alumnos de doctor Meredith, rumiando esta lección.

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