De informáticos y poetas. Un relato del Dr.Meredith sobre la luz de Louveciennes, el apocalipsis nuclear y Ada, la científica-poetisa (III de IV)

Resumen de las entradas anteriores: año 1979. El ingeniero Jean ichbiah trabaja en la sede central de la empresa Bull, en la hermosa localidad francesa de Louveciennes. Durante un paseo por los alrededores decide sentarse a descansar junto a un árbol. Ichbiah está preocupado porque el programa que acaba de diseñar, al que todavía no ha puesto nombre, ha sido comprado por el ejército de EEUU. Tras quedarse dormido, el ingeniero sueña que vuelve a ser un estudiante y que su profesor, el doctor Meredith, está en plena divagación sobre Charles Babbage, el “diseñador” del primer prototipo de computadora moderna.

Ada, "científica-poetisa"

Ada, “científica-poetisa”

Solo una persona se interesó por el mundo imprevisible y especulativo de Babbage, dijo el doctor Meredith. Una dama de la alta sociedad, experta matemática y, a pesar de su madre, con alma de poetisa: Ada Kent.

Ada, además de contribuir económicamente a los proyectos de Babbage, también se implicó como científica. De hecho, sus aportaciones matemáticas fueron fundamentales para completar el diseño de un avanzado modelo de máquina analítica, que, con toda propiedad, se ha considerado la primera computadora moderna.

Al menos sobre el papel… porque, como era tradición en Babbage, no llegó a ser construida. En cualquier caso, méritos aparte, una dama tan singular para su tiempo merece que nos acerquemos un tanto a su entorno familiar, que es donde suele cocinarse el carácter y las tendencias de la mayoría de individuos.

Ada creció bajo la estricta tutela de su madre, Annabella Noel, Baronesa de Wentworth. Fue el fruto de un matrimonio breve e infeliz, tan traumático para la esposa que, durante toda su vida guardó un profundo rencor a quien había sido su marido, un hombre disipado y aventurero que no le había dado ni un solo día de felicidad conyugal. Ya en la noche de bodas tuvo que escuchar de sus labios la romántica declaración de que se había casado con el diablo, tal cual, y, posteriormente, durante los primeros meses de vida matrimonial, aquella advertencia se materializó en forma de continuas infidelidades. Cuando nació Ada, Annabella harta de tanta traición decidió pedir el divorcio.

El marido no solo lo aceptó sino que, cansado del mojigato orden victoriano que lo rodeaba, decidió abandonar Inglaterra para siempre, dejando a su hija a todos los efectos huérfana de padre. Ante la situación, Annabella, profundamente resentida, se esforzó por apartar a Ada de cualquier cosa que pudiera recordárselo. Como si no hubiera existido. En particular, se obsesionó con alejarla de la poesía pues ésta, juergas aparte, había sido la actividad principal de su marido. Su estrategia para conseguirlo fue orientar la educación de Ada hacia el estudio de las matemáticas confiando en que así aplacaría cualquier posible inclinación literaria que pudiera albergar su espíritu.

Sin embargo, las expectativas de Annabella no se cumplieron. La disciplina que debía aislar a su hija de las trampas de los sentidos obró el fenómeno contrario y se convirtió en una inagotable fuente de inspiración e ingenio con los que abordar los misterios del mundo. Ada percibía una belleza en las matemáticas que iba más allá de lo científico. En sus manos, los números no eran solo herramientas de cálculo; eran, sobre todo, el medio para iluminar lo misterioso, lo que aún no tiene nombre. Este instinto fue el que la llevó hasta Babbage y a involucrarse en su trabajo. Para ella, lo que ambos buscaban era lo mismo que buscaban los poetas. Por este motivo se consideraba una científica-poetisa, aunque cabe que nos preguntemos hasta qué punto con esta declaración no estaba también pensando en su padre, quien, por cierto, hora es ya de decirlo, no era otro que Lord Byron, el gigante literario del romanticismo inglés.

– Continuará –  

"Retrato de Lord Byron", Thomas Phillips, 1819

“Retrato de Lord Byron”, Thomas Phillips, 1819

Acerca de Augusto

Amante de la música, el cine y las letras.
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2 respuestas a De informáticos y poetas. Un relato del Dr.Meredith sobre la luz de Louveciennes, el apocalipsis nuclear y Ada, la científica-poetisa (III de IV)

  1. danielagzn dijo:

    Ada Lovelace! Estoy bastante intetesada con el relato y sus personajes! Espero la siguiente entrega (:

    Le gusta a 1 persona

  2. Augusto dijo:

    Qué bien que te guste Daniela! Ojalá que el final no te decepcione… (mañana lo publico)…
    He leído que por circunstancias profesionales irás más justa de tiempo con el blog. Que sepas que por aquí seguiremos esperando con ganas tus escritos: esa pluma tuya fresca y atrevida.
    Un gran abrazo!!!

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