De informáticos y poetas. Un relato del Dr.Meredith sobre la luz de Louveciennes, el apocalipsis nuclear y Ada, la científica-poetisa (I de IV)

Archivos del Dr. Meredith: Sección, “Divagaciones poéticas sobre los hechos del Mundo”, Esfera 2 “Petagógicos”, legajo en cinta de seda verde, pliego 1º

La sede central de la empresa informática Bull está situada en la pequeña localidad francesa de Louveciennes, en el valle del Sena. Se trata de una zona que fue muy frecuentada por los pintores impresionistas de la segunda mitad del siglo XIX, atraídos, como insectos nocturnos, por la nítida luz que inunda sus paisajes.

Miraran donde miraran encontraban motivos para sus lienzos: el aura azulada de las primeras nieves de invierno, el crisol de verdes anaranjados y ocres de las hojas de los árboles, el resplandor de los adoquines empapados por la lluvia; en todas partes, la viveza de los colores les conmovía e inspiraba.

Impresionistas

“La nieve en Louveciennes”, Alfred Sisley -“Diligencia de Louveciennes”, Camille Pissarro

No es extraño que una de las aficiones preferidas de los visitantes y las gentes del lugar sea salir a pasear. El ingeniero de computación Jean Ichbiah, en concreto, pensaba que era como recorrer la mejor pinacoteca del mundo así que, siempre que sus obligaciones en la Bull se lo permitían, salía a dar una vuelta por los alrededores.

Estos pequeños recreos, además, solían repercutir positivamente en su trabajo pues no en pocas ocasiones había vislumbrado la solución a algún problema durante uno de ellos. Sin embargo, cierta tarde de junio del año 1979, mientras andaba cabizbajo por el viejo camino a Versalles no iba dándole vueltas a ningún algoritmo rebelde, sino más bien a las dudas que le planteaba la dirección que había tomado su carrera. Acababa de terminar el que hasta la fecha había sido su proyecto más ambicioso, un lenguaje de programación lo suficientemente estable y rápido como para sustentar todos los procedimientos informáticos necesarios para la administración de un Estado. Un gran éxito profesional redondeado por el hecho de que la empresa ya tenía concertada su venta a un importante cliente: el Departamento de Defensa de EEUU. Noticias excelentes, sin duda, pero que al ingeniero, tras un primer momento de euforia, habían terminado por sumirlo en la melancolía.

Llevaba más de media hora caminando sin dejar de pensar lúgubremente en las cadenas de su código que deberían ejecutarse para activar el lanzamiento de un misil nuclear, y se dio cuenta de que, por primera vez en su vida, la mecánica precisión de los números no le parecía admirable. Ichbiah se detuvo y se quedó ensimismado mirando el paisaje. Hacía rato que había dejado atrás las últimas calles del pueblo y se sentía un poco cansado, así que se sentó junto a un árbol que se alzaba a unos metros del camino y se recostó en su tronco.

Las vistas eran una maravilla.

– Continuará –

Acerca de Augusto

Amante de la música, el cine y las letras.
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