El hombre que se convirtió en Bruce Lee tras beberse tres botellas de pacharán (III de IV)

Bruce 3Treinta y cinco horas después, los ojos de Amador se abrieron de golpe. Estaba en su dormitorio, metido en la cama, aunque no se acordaba de cuándo ni cómo había llegado allí. El azul pálido de las paredes lo envolvía y se sintió seguro así que con toda serenidad trató de abrir los ojos de dentro, pero por ahí todo seguía oscuro y no vio nada. Era inquietante y también doloroso puesto que tenía ardores de estómago y náuseas, y una aguda jaqueca, además, parecía haberse instalado en su cabeza.

Estaba amnésico y, en consecuencia, ignoraba que toda aquella sintomatología se parecía mucho a lo que comúnmente suele conocerse como resaca. Como en su caso ésta tenía mucho que ver con las tres botellas de pacharán vacías que había en la mesita del salón, el adjetivo tremenda no le habría quedado nada mal, aunque en lo que a Amador respectaba, en aquellos momentos los matices no existían. Tan profunda era la pérdida de memoria que incluso había olvidado lo que era sentirse desgraciado.

Únicamente un par de imágenes permanecían esbozadas en su interior así que, abierto a cualquier posibilidad, trató de visualizarlas hasta que consiguió darles un mínimo de forma.

Vio a un tipo sin cara, vestido con un chándal amarillo con rayas negras – ¡caramba!, ¡como el pijama! – repartiendo estopa a un montón de gente, a veces con pies y manos y otras con dos palos unidos por una cadena en sus extremos. En otra imprecisa imagen aparecía una especie de monumento antiguo lleno de arcos y, bajo uno de ellos, un hombre rubio recibía una paliza de miedo del tipo sin cara de la otra visión.

Amador se arrancó tres o cuatro pelos para comprobar que no era rubio, aunque antes de hacerlo ya había intuído que él era el otro, o sea el expendedor de mamporros. Para corroborar las sólidas conclusiones a las que estaba llegando se dio cuenta de que frente a la cama colgaba de la pared una enorme lámina en la que aparecía el hombre de la visión, o sea él mismo, levantando una pierna por encima de su cabeza en plan de patada de ataque.

Sin duda un retrato, pensó, al tiempo que salía de la cama e intentaba reproducir la pinturera imagen, pero, a pesar del interés que puso, en cuanto sintió que cierto tendón de la ingle amenazaba con rasgarse como un folio, desistió. Lejos de desanimarse se dijo que la foto se la debían haber hecho de joven. Entonces, reparó en que en uno de los extremos de la lámina aparecía un nombre escrito con letras rojas, Bruce Lee, y durante unos segundos se quedó ensimismado, sin pensar en nada concreto, tan solo algo atónito por lo bien que hasta el momento le estaban yendo las cosas.

En el solar en obras que era su mente todo empezaba a cuadrar y, además, pensó satisfecho, todo era bueno: era un tipo pequeñito, sí, pero peligroso y elástico y, por si fuera poco, con un nombre lleno de posibilidades, con aquel “Lee” final con tanta “e” que ¿acaso no sería su grito de “ojito que me estáis mosqueando”? Animado por los progresos, volvió a concentrarse tratando de atrapar más recuerdos y entonces lo notó. En algún lugar de su alborotado interior una minúscula y cálida llamita brillaba temblorosa. ¿Qué era aquello?, ¿qué significaba aquella mota de luz en medio del oscuro abismo?, ¿era una señal?, ¿una advertencia?

Y entonces, como si de un géiser en ebullición se tratara, de lo profundo emergió impetuosa una palabra.

Maestro.

– Continuará – 

Acerca de Augusto

Amante de la música, el cine y las letras.
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6 respuestas a El hombre que se convirtió en Bruce Lee tras beberse tres botellas de pacharán (III de IV)

  1. Una buena parodia de los adictos al kung fu. Ya veremos cómo acaba ese karateka en busca de maestro. Leyendo el relato me ha venido a la memoria la película de Tarantino “Kill Bill”. Cordialmente.

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  2. De acuerdo con Antonio; las referencias a los colores y la pelea me recordó a Tarantino y su “Kill Bill”. Otra cosa es que, creo que la parte que más me gusto de “la parte II” tenía que ver con ese sentir que él mismo era una cosa muerta frente al gran Bruce Lee, ya muerto, pero vivo en la pantalla. Y aquí conviertes al protagonista en Bruce Lee, cual Samsa en cucaracha jajajaja. Me gustó el giro que le diste, aunque no deja de ser siniestra la despersonalización a la que llega el personaje.
    Ya quiero ver cómo termina :)
    Un saludo, Augusto!

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    • Augusto dijo:

      Adoro las pelis de Tarantino. El tipo es un experto en las pelis de género. De hecho en “Kill Bill” al ponerle el chándal amarillo a Uma Thurman está rindiendo un homenaje a Bruce Lee (llevaba el mismo chándal en su última película, “Juego con la muerte”).
      En lo que no había pensado es en la comparación con Victor Samsa. Sí señor!
      Aunque el mío sale mejor parado: puestos a metamorfosearse uno, mejor un karateka que un insecto inmundo.
      Un saludo Daniel!!!

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    • Augusto dijo:

      Adoro las pelis de Tarantino. El tipo es un experto en las pelis de género. De hecho en “Kill Bill” al ponerle el chándal amarillo a Uma Thurman está rindiendo un homenaje a Bruce Lee (llevaba el mismo chándal en su última película, “Juego con la muerte”).
      En lo que no había pensado es en la comparación con Victor Samsa. Sí señor!
      Aunque el mío sale mejor parado: puestos a metamorfosearse uno, mejor en un karateka que en un insecto.
      Un saludo Daniel!!!

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