El hombre que se convirtió en Bruce Lee tras beberse tres botellas de pacharán (II de IV)

Bruce 2Cuando salió del aseo ya había decidido que sí, que eso era precisamente lo que quería hacer durante las próximas treinta o cuarenta horas de su vida, ver de un tirón sus recién adquiridas diecisiete películas de artes marciales. Así que entró en la cocina en busca de víveres con los que afrontar la extraordinaria prueba que se había impuesto.

Por desgracia estaba en las últimas y solo consiguió reunir una bolsa de cacahuetes, tres magdalenas medio petrificadas y un huevo duro. Aunque lo que realmente lo alarmó fue la falta de bebida.

Estaba sin una gota de alcohol, seco, como las magdalenas. Había inspeccionado la cocina entera y no había encontrado ni una mísera lata de cerveza. Súbitamente desanimado, se recostó en el mueble del fregadero pensativo y ceniciento, y clavó la vista en la blanca superficie de la puerta de la nevera, – ya la había abierto tres veces, ¿para qué una cuarta? -, hasta que reparó en un detalle que le insufló nuevas esperanzas: entre el electrodoméstico y la pared había una bolsa de plástico.

Amador no recordaba de qué época databa el hallazgo pero le dio igual, porque lo que encontró en su interior, le hizo sentirse como un templario ante el Santo Grial.

Pacharán. Tres botellas.

Polvorientas, de marca desconocida, y templadas al calor del motor del frigorífico durante vete tú a saber cuánto tiempo, pero con sus buenos 28 grados de alcohol cada una. La mar de ufano cogió un vaso y se fue con la bolsa y el resto de sus provisiones al salón.

La primera película que insertó en el reproductor fue “Kung Fú contra los siete vampiros de oro”. Amador se puso cómodo en el sofá y empezó a roer una magdalena. Luego se sirvió una copa de pacharán, su ambrosía, y, antes de encender el televisor, se quedó unos segundos contemplando su propio reflejo en la pantalla oscura.

¿Era él aquel espectro oscuro que lo miraba desde el televisor apagado?, aquellos ojos marchitos que ya no se esforzaban por disimular su hastío ¿eran los suyos?, ¿dónde estaban los músculos de aquel rostro?… Entonces, un pensamiento solitario planeó por el cielo de su cabeza: una cara sin músculos es una cara muerta…

Una súbita incomodidad hizo que se moviera en busca de una nueva posición en el sofá aunque, por supuesto, era consciente de que en realidad de lo que se trataba era de romper el hechizo. Luego respiró profundamente y pulsó el botón “on” de su mando a distancia.

Era sábado y ya pasaban diez minutos de las diez de la noche.

– Continuará – 

Acerca de Augusto

Amante de la música, el cine y las letras.
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5 respuestas a El hombre que se convirtió en Bruce Lee tras beberse tres botellas de pacharán (II de IV)

  1. Comienzo a que pensar que te gusta introducir los elementos más siniestros u oscuros cuando uno menos se lo espera (a fuerza de golpes, pues jaja). “¿Era él aquel espectro oscuro que lo miraba desde el televisor apagado?, aquellos ojos marchitos que ya no se esforzaban por disimular su hastío ¿eran los suyos?, ¿dónde estaban los músculos de aquel rostro?… Entonces, un pensamiento solitario planeó por el cielo de su cabeza: una cara sin músculos es una cara muerta…” Ese párrafo me fascinó. Verse a sí mismo como una cosa muerta, frente a la imagen de un hombre que de hecho ya está muerto y que le haría sentir vivo, capturado dentro de la pantalla (pero con luz y movimiento). La idea me parece harto compleja.

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    • Augusto dijo:

      Tienes razón. Me encantan los golpes (metafóricamente), los oscuros, los graciosos, los bellos… Crecí devorando tebeos y creo que la afición me puede venir de ahí…
      Un abrazo!

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      • ¿Has leído lo que ha hecho Hickman con sus Avengers-New Avengers? ¡Es de locos! Adoro su trabajo.

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      • Augusto dijo:

        Pues no conocía a Hickman. Lo he buscado y he visto que su trabajo es magnífico.
        Los tebeos de mi niñez, allá por los setenta (Franco aún estaba vivo cuando empecé a leer), eran muy costumbristas y locales. Creo que los personajes más internacionales son Mortadelo y Filemón de Francisco Ibáñez, pero además de ellos había una extraordinaria colección de seres extravagantes: oficinistas con apuros para llegar a fin de mes, abuelitas crueles, miopes catastróficos, detectives torpes y pasados de moda… Ninguno de ellos tenía superpoderes sino que más bien eran de lo más corriente. Sin embargo, siempre les ocurrían cosas delirantes.
        Esos tebeos fueron mis primeras lecturas y reconozco que posiblemente son mi principal influencia en mi manera de interpretar el mundo.
        Disculpa si me he alargado un poco.
        Un abrazo desde Barcelona!!!

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      • Al contrario, me hace entender un poco más tus letras. A mí lo que me ha orillado a escribir sobre el drama cotidiano es precisamente mi propia vida y, sobre la ciencia ficción y la fantasía, el que nunca me he sentido que la propia realidad alcance para algo (y, es algo que en los comics siempre he encontrado). Sí, el trabajo de Hickman es maravilloso, tan así que toda marvel y su futuro le fue encomendada a él. Hijole.
        Abrazo desde México :D

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