Un jardín, un secreto

Enano jardínCuando alguna de sus escasas amistades mencionaba lo inapropiada que resultaba la presencia de un gnomo de escayola en un jardín tan maravilloso, don Marcial sonreía y gesticulaba admitiendo que quizás no fuera del todo estético pero que, en cualquier caso, ahí se quedaba, y enseguida animaba a sus invitados a admirar las plantas acuáticas que con la belleza de una alfombra oriental tapizaban el estanque que refrescaba su pequeño vergel. A poca distancia del agua, bajo la acogedora bóveda de un sauce, había colocado algunas sillas y una recia mesa de madera. Un rincón desde el que acompañar el declive de la tarde charlando y tomando limonada.

Por lo general, a lo largo de esas apacibles veladas nadie volvía a acordarse de la pequeña estatua, aunque en cierta ocasión todo pudo haber acabado. Fue cuando aquel niño impertinente, plantado frente a sus padres, afirmó excitado que el gnomo del jardín se había movido. Sin embargo, don Marcial le replicó con rapidez, “¡Toma, pues claro!, ¿quién crees que cuida de las plantas?”, y ante aquella ocurrencia la risa de los adultos se desató y nadie, bajo el sauce, reparó en la mirada con la que don Marcial y el niño sellaron su secreto.

Augusto Serrano.

Acerca de Augusto

Amante de la música, el cine y las letras.
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