De contables y poetas. Un relato del Dr.Meredith sobre el Plan General Contable y el amor eterno de Dante Alighieri por Beatriz Portinari

Archivos del Dr. Meredith: Sección, “Divagaciones poéticas sobre los hechos del Mundo”, Esfera 12 “Petagógicos”, legajo en cinta roja.

Varoufakis, Schäuble y el "Dante" de Botticelli

Varoufakis, Schäuble y el “Dante” de Botticelli

Dedicado a ciertos estudiantes del “Institut de Ciències de l´Educació” de la UAB

Durante el vuelo de regreso a Atenas, el recién nombrado Ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, no dejaba de darle vueltas a la conversación que apenas tres horas antes había mantenido con su homólogo alemán. Estaba tomándose una ginebra con la esperanza de que le sirviera para apaciguar la irritación que sentía. De todas las reuniones a las que había asistido desde su reciente nombramiento, ésta había sido con diferencia la peor.

Que la culpa de la quiebra de Grecia la tenían los griegos era algo que se había acostumbrado a escuchar, pero no literalmente así, con esa crudeza tan poco académica. No son formas entre socios, pensó Varoufakis y le dio un trago a su copa. Luego se recostó en el asiento y sonrió traviesamente al hilo de un pensamiento que le pasó por la cabeza: si le debes cien mil euros a un banco tienes un problema pero si la deuda es de cien mil millones, el problema lo tiene él…

Schäuble, el Ministro de Economía alemán, no podía ignorar este principio tan básico del saber económico popular y, por tanto, Varoufakis estaba seguro de que tarde o temprano acabaría accediendo a hablar del problema, no griego, sino europeo, con algo más de sensibilidad y buenas maneras.

La culpa la tenían los griegos… Sí, pensó el Ministro, pero más que por despilfarrar por haber confiado en gobernantes indignos y mentirosos. Desde luego no había sido el pueblo el responsable de haber estado falseando la contabilidad nacional durante años para poder seguir endeudándose, sino una serie de dirigentes políticos muy concretos. Pero después, una vez en el abismo, ¿quién había pagado las consecuencias? La “despilfarradora” ciudadanía griega en su conjunto, incluyendo a quienes en el mejor momento económico de su vida apenas habían conseguido pagar la entrada de un utilitario o, en muchos casos, ni siquiera eso.

Varoufakis miró su reloj, aún faltaban más de dos horas para aterrizar. Por un momento se quedó ensimismado, contemplando el azul del cielo a través de la ventanilla. Se sentía mejor, algo más tranquilo, la comodidad del asiento y el reconfortante ardor de la ginebra lo habían sosegado. A veces tenía la sensación de que la complejidad que regía el mundo era una ilusión y que tras el velo solo se escondían tres o cuatro reglas conmovedoramente sencillas. Mientras divagaba se acordó de sus años de universitario en Essex y, de repente, como si lo estuviera viendo frente a él, el Dr. Meredith, su profesor de Contabilidad Financiera, apareció en su mente. Varoufakis acudió de nuevo a la ginebra, respiró profundamente y se relajó…

Luca Pacioli, señores, un veneciano del Renacimiento, erudito, matemático, filósofo, consumado ajedrecista y monje franciscano. A él debemos el sistema contable que todavía hoy utilizan las empresas para registrar sus operaciones. Un pequeño entretenimiento en el contexto de su magna obra y, sin embargo, es por ello sobre todo por lo que se le recuerda.

Piénsenlo la próxima vez que consulten el Plan General Contable. Quizás por un momento les maraville reparar que en tan áspero y aburrido documento aparezcan las enseñanzas de un humanista. Y ya puestos, no duden en preguntarse también sobre la opinión que al propio Pacioli le merecería tal circunstancia.

Moneda Luca PacioliEn cualquier caso, es importante no perder de vista que no fue él quien inventó las prácticas financieras que aparecen en su método. Su contribución consistió en explicar, ordenar y dotar de coherencia matemática las que imperaban en su tiempo, cuyo origen estaba íntimimante ligado a las Compañías italianas que desde finales del siglo XIII habían dominado el comercio y la banca europea.

De ellas, una de las más poderosas, sino la que más, fue la de la familia Bardi, cuyos intereses económicos llegaron a extenderse por todo el Mediterráneo. No había instrumento del tráfico mercantil que no manejaran: letras de cambio, pagarés, cheques… Los descontaban, los endosaban, negociaban deudas y repartían dividendos y, por supuesto, prestaban dinero. Mucho, tanto como para alimentar golpes de estado y costosísimas guerras – nunca por una causa desde luego, siempre a cambio de algún beneficio comercial – o como para provocar el hundimiento de la economía de un Estado con sus malas, y en muchas ocasiones delictivas, artes bancarias.

Pero estos efectos colaterales no desvelaban a los banqueros de la época, ni por cierto tampoco a algunos de los actuales, y los Bardi no eran una excepción. De hecho, fueron ejemplo de lo que en ningún caso cabría esperar de una honrada familia de negociantes, puesto que muchos de sus miembros no tenían reparo alguno en combinar los asuntos financieros con los actos criminales más variopintos, desde la acuñación de moneda falsa hasta el latrocinio y el asesinato.

Y sin embargo eran admirados. Vivían en Florencia y, a pesar de sus actividades, o quizás debido a ellas, estaban considerados como una de las grandes familias de la ciudad. Ya se sabe que la fuerza y el dinero alimentan el prestigio y el  respeto. Quien sabe si esa fue la causa por la que uno de ellos, en 1285, se casó con cierta dama de noble cuna y belleza excepcional llamada Beatriz Portinari.

Los méritos y la fama de esta mujer, no obstante, no han llegado hasta nuestros días por las circunstancias de su matrimonio, los “milagros” de los banqueros no suelen dar para tanto y muchas veces terminan fatal, sino por haber sido la Musa que inspiró a otro ilustre florentino de la época, el célebre poeta Dante Alighieri. Tal y como éste dejó escrito en su “Vita nuova”, desde la primera vez que la vio, lo cual ocurrió cuando no eran más que dos criaturas de nueve años, se enamoró de ella profundamente, y aunque luego no volvería a verla hasta los dieciocho, sus puros sentimientos nunca sufrieron menoscabo alguno.

A pesar del profundo caudal amoroso que Dante albergaba en su alma, sus afanes nunca fueron más allá del terreno platónico. Se conformaba con soñarla, con imaginarla a su lado mientras escribía.

"Dante y Beatriz", Henry Holiday, 1884

“Dante y Beatriz” Henry Holiday, 1884

A veces salía a la calle a la hora en que Beatriz acostumbraba a pasear, siempre con sus damas de compañía, y desde la distancia la contemplaba con fascinación, rogando a Dios que cuando pasara a su altura, la beatífica Musa lo premiara con un saludo, un leve asentimiento, un discreto parpadeo, cualquier gesto que demostrara que era consciente de su existencia. Con eso era suficiente para que Dante se sintiera embriagado de amor, era todo lo que necesitaba para que de su pluma brotaran las palabras más bellas.

La máxima expresión de su adoración por ella la plasmó en la “Divina Comedia”, una de las cumbres de la literatura universal. Beatriz y el propio Dante, convertidos ambos en personajes centrales de la trama, terminan encontrándose en el otro mundo y juntos recorren las celestiales regiones del Paraíso hasta llegar a ponerse en presencia de Dios.

Con semejantes muestras de afecto, cabe preguntarse ¿cómo le sentaría a Dante que su Musa se desposara con otro hombre? Fácilmente podemos imaginarnos que no demasiado bien. Incluso también podríamos especular con el hecho de que siendo el agraciado un Bardi, la cosa le resultara particularmente deprimente. A fin de cuentas, aquella familia representaba precisamente lo contrario de las potencias espirituales que habitaban su alma de poeta.

En este punto de la disertación, el Dr. Meredith comprobó la hora en su reloj de bolsillo y emitió uno de sus característicos chasquidos de lengua. A continuación se colocó la chistera y se encendió un cigarrillo; era su manera de comunicar que la clase estaba a punto de terminar.Burgess Meredith

En cualquier caso, concluyó, no deberían preocuparse demasiado por las tribulaciones amorosas del poeta florentino. A fin de cuentas, como estudiantes de Economía que son, que la chica acabara yéndose con el contable no deja de ser una excelente noticia para ustedes. Y dicho esto, el Dr. Meredith sonrió con desmesura y salió del aula a toda velocidad…

Un asistente despertó con suavidad a Varoufakis anunciándole que estaban a punto de tomar tierra. El Ministro abrió los ojos como un autómata, dando a entender que estaba preparado para lo que fuera, aunque en realidad, la cosa no era del todo así. Las palabras de su antiguo profesor de Contabilidad aún flotaban en su mente, como hebras de humo, aunque en pocos segundos comenzaron a disiparse en el inmenso cielo que al otro lado de la ventanilla ya no era azul, sino oscuro como un mal presentimiento. Varoufakis bostezó y por un momento pensó en tomarse otra ginebra pero finalmente desistió de hacerlo.

Acerca de Augusto

Amante de la música, el cine y las letras.
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2 respuestas a De contables y poetas. Un relato del Dr.Meredith sobre el Plan General Contable y el amor eterno de Dante Alighieri por Beatriz Portinari

  1. Me ha encantado la forma en que has hilado varios temas en un mismo texto. Mis partes favoritas fueron “Por un momento se quedó ensimismado, contemplando el azul del cielo a través de la ventanilla. Se sentía mejor, algo más tranquilo, la comodidad del asiento y el reconfortante ardor de la ginebra lo habían sosegado. A veces tenía la sensación de que la complejidad que regía el mundo era una ilusión y que tras el velo solo se escondían tres o cuatro reglas conmovedoramente sencillas” (que forma de mostrar que, efectivamente, nuestras preocupaciones son simples: apenas bebe alcohol y se relaja, todo se olvida – al menos por un momento). La otra, que me pareció brutal, es esta “En cualquier caso, concluyó, no deberían preocuparse demasiado por las tribulaciones amorosas del poeta florentino. A fin de cuentas, como estudiantes de Economía que son, que la chica acabara yéndose con el contable no deja de ser una excelente noticia para ustedes”. Que triste que así sea, pero realmente aplicaría a la vida actual en tantísimos casos. Saludos!

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